miércoles, 5 de febrero de 2020

Día 5/2/20


Cuando me dejará de doler el sólo hecho de existir, de contaminar a las personas que tengo a mi alrededor y sentirme encerrada en una isla donde soy incapaz de salvarme porque no basta con nadar. ¿Cómo vas a nadar si no sabes nadar? Lo duro de este proceso es el hecho de que cuándo parezco más cerca de llegar a tierra, me vuelvo a hundir y vuelvo a otra isla distinta. Soy incapaz de vislumbrar algo que me anime porque sé que esto no tiene un lado positivo. Siempre voy a vivir con mi ansiedad y mi ansiedad siempre me acaba ganando. Por mucho que intenté jugar, que intente impedir su llegada, viene cuándo menos se lo espera. 

Lo peor de la ansiedad es que saca la peor parte de mi, hace que sea un monstruo pero además un monstruo que es incapaz de abrazar a aquellos héroes y heroínas que un día eran sus compañeras. Vivo en un cuento continuamente pero estos cuentos los convierto en un pesadilla y me ahogo. La sensación que define lo que vivo es ahogo. No puedo respirar, no sé como hacerlo. A veces siento que lo podré superar pero otras veces es completamente arrollador pero, sobre todo, agotador. En muchas ocasiones me cuestiono si es buena idea seguir luchando por algo que me supera. Soy más el monstruo que la Vera que la gente ve y eso me hunde por completo. Me hunde porque Vera no se levanta a callar a monstruo y me hunde porque odio que me miren con lástima, con pena, como si fuera un perro abandonado a su suerte. Odio que se preocupen por mí porque eso es dar otra victoria al monstruo que no para de ganar y gana con mis derrotas. El monstruo gana cuándo ve que estoy de puta pena. El monstruo gana cuándo no controlo mis glándulas lacrimógenas y gana cuando soy incapaz de controlar mis emociones negativas. El monstruo gana cuándo me alejo de quién quiero porque no quiero hacerle daño cuándo hacer daño a esa persona es alejarme y el monstruo gana cuando no la puedo mirar a la cara porque sé que la he decepcionado en lo más profundo de su ser.
Hoy ha sido otra derrota. Y parece que el monstruo ha elegido los baños de la universidad de Carlos III como lugar donde mi monstruo y mi yo interno tienen un diálogo. Es un diálogo horrible. Suele haber golpes en las paredes, a veces ****** y a veces sólo me siento contra la pared y me lamento. Ahí pienso en cómo volver a clase después de haber hecho el rídiculo y haber abandonado el aula llorando. Y no encuentro razones pero siento un sentimiento de desazón  y de soledad. Y necesito un abrazo pero a la vez mi monstruo dice que no me lo merezco. Y sólo veo una pared blanca, cuando me encantaría ver a mis amigas riéndose conmigo. Y no se ríen, están en clase pensando dónde coño estoy y qué coño me pasa y me encantaría estar ahí pero no puedo, porque inundaría la clase de lágrimas, porque les inundaría de algo que me está matando y eso se contagia de alguna manera. Diría que puedo prometer que no va a volver a suceder, es más, siempre lo hago pero es mentira porque siempre vuelve. Veo el psicólogo lejano, aunque lo veo, siempre lo veo y me imagino que me cura aunque no es fácil. Sé que no es fácil y que el psicólogo me va a ayudar a tener mecanismos de defensa pero que no va a quitar el dolor que llevo dentro.
Muchos piensan que actúo de forma tan excéntrica que lo hago para llamar la atención pero tengo que vivir al límite si no quiero que el monstruo me reviente en dos. A veces es agotador, el tener que confirmar todo el rato que x o y persona me quiere porque sé que es verdad pero no lo quiero entender. Porque hay miradas de amor que las rehuyó porque soy una persona que huyé de lo que de verdad le hace bien y es así. No sé si podré reconstruirme. Pero cuando creo que hay luz, la miro, de verdad que la miro y me vengo para abajo porque ella quiere que me vaya para arriba pero no es fácil. Lo único que puedo hacer es intentar que salpique lo menos posible pero siempre sapica, es asqueroso.
No puedo corromperte más, no tengo fuerzas pero llegan ellos con su fuerza, con su cariño y es de repente cuando me hago fuerte. Y de repente, te das cuenta de que vivirás luchando con un monstruo toda tu puta vida pero que también tienes a personas que te van a ayudar a matarlo. Vera, la persona que ha superado un coche rojo, que tuvo que soportar a personas gilipollas que se rieron de su religión, de su cara y de su orientación sexual, la persona que es rara lo que le ha provocado más obstáculos que alegrías pero que ha conseguido superar todo. ¿Cómo me va a ganar el monstruo? No hay más opción. Ojalá algún día maté el monstruo para que pueda verme como tú me ves.
A todas las personas que lo sufren, que se desgarran por dentro, sé que es duro pero hasta que no vives la ansiedad no sabes lo peligroso qué es. Pedid ayuda, no os calléis y, sobre todo, no os inculpéis porque yo lo hago todos los días de mi vida. A todos los que os habéis reído alguna vez de mí, ¿sabéis por qué no me afecta? Porque yo he sido la primera persona que se ha saboteado para reírse de mí.
Yo intento que se muera, de verdad, le clavo mis espadas pero mi cerebro estalla, me corrompe, me utiliza… Y yo no sé cuánto tiempo mis amigos conseguirán aguantarán el monstruo, al final la mayoría se va, ¿por qué será, no será por qué eres así? Bueno, no puedo excusarme todo el rato con el monstruo porque a veces he sido gilipollas pero el monstruo me devora poco a poco y no sé como deciros que lo único que quiero es dejaros felicidad, Os quiero con mis incoherencias, mis borderías y mis PANTALLAZOS AZULES pero os juro que si pudiera extirpar el monstruo, lo tirará al mar profundo para que no volviera y sé que por ahora no es posible.
Texto dedicado a Lucía, te quiero y siempre te voy a querer. Sé que soy una pesada pero más pesada es el monstruo y la ansiedad y no se quieren ir eh. 

Cuando me dejará de doler el sólo hecho de existir, de contaminar a las personas que tengo a mi alrededor y sentirme encerrada en una isla donde soy incapaz de salvarme porque no basta con nadar. ¿Cómo vas a nadar si no sabes nadar? Lo duro de este proceso es el hecho de que cuándo parezco más cerca de llegar a tierra, me vuelvo a hundir y vuelvo a otra isla distinta. Soy incapaz de vislumbrar algo que me anime porque sé que esto no tiene un lado positivo. Siempre voy a vivir con mi ansiedad y mi ansiedad siempre me acaba ganando. Por mucho que intenté jugar, que intente impedir su llegada, viene cuándo menos se lo espera.
Lo peor de la ansiedad es que saca la peor parte de mi, hace que sea un monstruo pero además un monstruo que es incapaz de abrazar a aquellos héroes y heroínas que un día eran sus compañeras. Vivo en un cuento continuamente pero estos cuentos los convierto en un pesadilla y me ahogo. La sensación que define lo que vivo es ahogo. No puedo respirar, no sé como hacerlo. A veces siento que lo podré superar pero otras veces es completamente arrollador pero, sobre todo, agotador. En muchas ocasiones me cuestiono si es buena idea seguir luchando por algo que me supera. Soy más el monstruo que la Vera que la gente ve y eso me hunde por completo. Me hunde porque Vera no se levanta a callar a monstruo y me hunde porque odio que me miren con lástima, con pena, como si fuera un perro abandonado a su suerte. Odio que se preocupen por mí porque eso es dar otra victoria al monstruo que no para de ganar y gana con mis derrotas. El monstruo gana cuándo ve que estoy de puta pena. El monstruo gana cuándo no controlo mis glándulas lacrimógenas y gana cuando soy incapaz de controlar mis emociones negativas. El monstruo gana cuándo me alejo de quién quiero porque no quiero hacerle daño cuándo hacer daño a esa persona es alejarme y el monstruo gana cuando no la puedo mirar a la cara porque sé que la he decepcionado en lo más profundo de su ser.
Hoy ha sido otra derrota. Y parece que el monstruo ha elegido los baños de la universidad de Carlos III como lugar donde mi monstruo y mi yo interno tienen un diálogo. Es un diálogo horrible. Suele haber golpes en las paredes, a veces ****** y a veces sólo me siento contra la pared y me lamento. Ahí pienso en cómo volver a clase después de haber hecho el rídiculo y haber abandonado el aula llorando. Y no encuentro razones pero siento un sentimiento de desazón  y de soledad. Y necesito un abrazo pero a la vez mi monstruo dice que no me lo merezco. Y sólo veo una pared blanca, cuando me encantaría ver a mis amigas riéndose conmigo. Y no se ríen, están en clase pensando dónde coño estoy y qué coño me pasa y me encantaría estar ahí pero no puedo, porque inundaría la clase de lágrimas, porque les inundaría de algo que me está matando y eso se contagia de alguna manera. Diría que puedo prometer que no va a volver a suceder, es más, siempre lo hago pero es mentira porque siempre vuelve. Veo el psicólogo lejano, aunque lo veo, siempre lo veo y me imagino que me cura aunque no es fácil. Sé que no es fácil y que el psicólogo me va a ayudar a tener mecanismos de defensa pero que no va a quitar el dolor que llevo dentro.
Muchos piensan que actúo de forma tan excéntrica que lo hago para llamar la atención pero tengo que vivir al límite si no quiero que el monstruo me reviente en dos. A veces es agotador, el tener que confirmar todo el rato que x o y persona me quiere porque sé que es verdad pero no lo quiero entender. Porque hay miradas de amor que las rehuyó porque soy una persona que huyé de lo que de verdad le hace bien y es así. No sé si podré reconstruirme. Pero cuando creo que hay luz, la miro, de verdad que la miro y me vengo para abajo porque ella quiere que me vaya para arriba pero no es fácil. Lo único que puedo hacer es intentar que salpique lo menos posible pero siempre sapica, es asqueroso.
No puedo corromperte más, no tengo fuerzas pero llegan ellos con su fuerza, con su cariño y es de repente cuando me hago fuerte. Y de repente, te das cuenta de que vivirás luchando con un monstruo toda tu puta vida pero que también tienes a personas que te van a ayudar a matarlo. Vera, la persona que ha superado un coche rojo, que tuvo que soportar a personas gilipollas que se rieron de su religión, de su cara y de su orientación sexual, la persona que es rara lo que le ha provocado más obstáculos que alegrías pero que ha conseguido superar todo. ¿Cómo me va a ganar el monstruo? No hay más opción. Ojalá algún día maté el monstruo para que pueda verme como tú me ves.
A todas las personas que lo sufren, que se desgarran por dentro, sé que es duro pero hasta que no vives la ansiedad no sabes lo peligroso qué es. Pedid ayuda, no os calléis y, sobre todo, no os inculpéis porque yo lo hago todos los días de mi vida. A todos los que os habéis reído alguna vez de mí, ¿sabéis por qué no me afecta? Porque yo he sido la primera persona que se ha saboteado para reírse de mí.
Yo intento que se muera, de verdad, le clavo mis espadas pero mi cerebro estalla, me corrompe, me utiliza… Y yo no sé cuánto tiempo mis amigos conseguirán aguantarán el monstruo, al final la mayoría se va, ¿por qué será, no será por qué eres así? Bueno, no puedo excusarme todo el rato con el monstruo porque a veces he sido gilipollas pero el monstruo me devora poco a poco y no sé como deciros que lo único que quiero es dejaros felicidad, Os quiero con mis incoherencias, mis borderías y mis PANTALLAZOS AZULES pero os juro que si pudiera extirpar el monstruo, lo tirará al mar profundo para que no volviera y sé que por ahora no es posible.
Texto dedicado a Lucía, te quiero y siempre te voy a querer. Sé que soy una pesada pero más pesada es el monstruo y la ansiedad y no se quieren ir eh.